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Desde 1893, Armagnac Delord perpetúa un saber hacer familiar excepcional. Desde la viña hasta la maduración, cada etapa se domina en el Domaine de Lannepax, con un método único de doble destilación y añadas Rare conservadas en sus bodegas.
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La historia del Armagnac Delord comenzó en 1893, cuando Prosper Delord, un destilador itinerante, transformó el vino blanco en Armagnac mientras recorría las granjas de la región.
En 1932, sus hijos Gaston y Georges fundaron la Maison Armagnac Delord Frères en Lannepax, y poco a poco desarrollaron las exportaciones a Estados Unidos. En 1963, Jacques, hijo de Gaston, toma el relevo y, diez años más tarde, lo hace su hermano Pierre. En 2001, la cuarta generación, representada por Sylvain y Jérôme, asegura la continuidad: uno se dedica a la fabricación de Armagnacs, el otro a su promoción.
En 2020, compraron el Domaine de Galaubas, propiedad de la familia, un terruño de 75 hectáreas, 6 de ellas de cultivo ecológico.
El viñedo, situado en Lannepax, está plantado con las cuatro variedades de uva tradicionales de Armagnac: Ugni-blanc, CoLombard, Folle-blanche y Baco. Las uvas se vendimian y vinifican in situ, bajo la supervisión de Sylvain Delord, para garantizar vinos aromáticos aptos para la destilación.
La Maison Delord es una de las Rares que practica los dos métodos de destilación: la destilación continua, ideal para los Armagnac más añejos, y el... Ver más ...
Desde 1893, Delord perpetúa con pasión el arte del Armagnac, transmitiendo de generación en generación un saber hacer único y una búsqueda constante de la excelencia. La añada 1965, fruto de esta larga tradición, es una auténtica obra maestra.
En la copa, presenta un color ámbar con reflejos anaranjados brillantes. Este color profundo y cálido ya insinúa la complejidad y concentración de los aromas que están a punto de revelarse. En nariz, revela un bouquet elegante que combina aromas de albaricoque confitado, pera, ciruela pasa y vainilla. Tras la aireación, se detectan notas de rancio, señal de su larguísimo envejecimiento. El ataque en boca es suave y aterciopelado. Los sabores de fruta confitada se despliegan con elegancia y se ven realzados por aromas de pan de jengibre y caramelo. El final, notablemente largo, prolonga la experiencia gustativa con notas de especias dulces.
Esta excepcional añada encarna el alma de una casa que ha sabido preservar la autenticidad de sus terruños y tradiciones. Una auténtica referencia, que sin duda hará las delicias de los entendidos.