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Suele decirse que cualquiera que haya probado Château Palmer al menos una vez lo recordará el resto de su vida. Sin pretenderlo, puede que sea cierto, ya que es un nombre tan bonito para Margaux. El Château empezó a labrarse un nombre en 1814, cuando el coronel Charles Palmer lo compró a Marie de Gascq, en el que invirtió sumas considerables.
El Château Palmer obtuvo el título de Troisième Grand Cru Classé en la clasificación de 1855 para la Exposición Universal de París. No fue hasta el año siguiente cuando se construyó el Château neorrenacentista tal y como lo conocemos hoy, bajo la égida de los hermanos Péreire. En la actualidad, el Domaine es propiedad a partes iguales de las familias Sichel y Mähler-Besse, que siguen ampliando su reputación.
El viñedo abarca 55 hectáreas, plantadas con un 47% de Cabernet Sauvignon, un 47% de Merlot y un 6% de Petit Verdot. Los viñedos se gestionan íntegramente según principios biodinámicos desde 2014. Los vinos envejecen entre 20 y 22 meses en barricas de roble, de las cuales el 50% son nuevas.
La finca produce un segundo vino, el Alter Ego de Palmer.
El Château Palmer es famoso por la finura y elegancia de los vinos que ofrece. Vinos que son una verdadera invitación al placer de los sentidos.
La vendimia de la cosecha 2014 finalizó el martes 14 de octubre bajo un sol radiante, que nos acompañó durante todo el mes de septiembre, después de haber jugado al escondite durante el verano. El comienzo de la temporada fue auspicioso: un buen arRosé invernal permitió a los suelos renovar sus reservas de agua, seguido de una primavera en la que la floración se desarrolló sin contratiempos, a pesar de un ligero coulure en las cepas más viejas de Merlot. En esta fase, las esperanzas estaban puestas en la calidad de esta nueva añada.
Sin embargo, a partir de julio, el tiempo se volvió inestable y las viñas se concentraron en su follaje en detrimento de las uvas. Agosto no fue mucho mejor, con un envero y un crecimiento de las bayas lentos. Afortunadamente, el sol salió por fin en otoño. Las excepcionales condiciones meteorológicas de septiembre alteraron gradualmente el perfil de 2014. La diferencia de envero entre las cepas se atenuó y el tamaño de las bayas disminuyó, concentrando todos los elementos constitutivos de esta nueva añada: aumentaron los contenidos de azúcar, antocianos y taninos.
El 22 de septiembre se vendimió la primera parcela, una viña joven de Merlot. La climatología, especialmente clemente, permitió vendimiar las uvas en perfecto estado de madurez y sin presión de botritis. En la sala de cubas, la innovación ocupó un lugar destacado: tras dos años de experimentación con la reducción de la cantidad de azufre en nuestros vinos, decidimos dejar de sulfitar la vendimia, lo que permitió a las uvas expresar inmediatamente su complejidad. En esta fase, los vinos de la añada 2014 reflejan admirablemente la diversidad de las parcelas de la finca. Cada personalidad se expresa en estas dos mezclas como si se hubiera levantado un velo, lo que constituye sin duda uno de los primeros resultados de nuestro enfoque biodinámico.